
Hans Christian Andersen (1805-1875), fue uno de los escritores más prolíficos del siglo XIX, famoso por sus cuentos, obras de teatro y poesías, que lo han colocado como uno de los grandes de la literatura danesa. De su cuento “El nuevo traje del emperador”, voy a tomar su moraleja que muy bien les sienta a más de uno de los políticos que se han subido al tren de la Cuarta Transformación, la 4T.
Un rey es engañado por un par de bribones que prometen hacerle un traje con una tela tan especial que no la pueden ver los ignorantes. Bien pagados, fingen confeccionar el traje que los miembros de la corte no ven. Cuando los dos truhanes dicen haber terminado el traje, le piden al rey que se lo ponga y lo luzca ante el pueblo. El rey sale con su corte; nadie ve el traje, pero no quieren pasar por ignorantes, hasta que un niño grita: “el rey va desnudo”, entonces la gente estalla en carcajadas, pero el monarca sigue su paseo, inmutable.
A partir de 2018, la mayoría de los ciudadanos mexicanos optó por un cambio profundo en la conducción del país; un cambio que su impulsor, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, identificó como la Cuarta Transformación del país.
Iniciaba una transformación que, en primer lugar, se apartaba del modelo neoliberal, prometía combatir la corrupción, y resumía su ideal en un lema: “Para bien de todos, primero los pobres”, y en un imperativo ético: “No robar, no mentir, no traicionar”.
El país venía de 36 años de neoliberalismo, cuyos frutos fueron el aumento de la pobreza, la acumulación de capital en pocas manos, la corrupción, las alianzas con el crimen bajo el disfraz del combate al narcotráfico, el despilfarro de los recursos públicos, el desmantelamiento de las dos grandes empresas nacionales: Pemex y CFE, y la venta de las empresas de la nación.
Fueron más de tres décadas, desde que el PRI renunció a sus principios, el PAN se volvió pragmático y el PRD evolucionó de una izquierda democrática a un peón del neoliberalismo. Los tres crearon el “Pacto por México”, la herramienta que faltaba para consumar la privatización del país.

Y aquí está el problema
Ante el avance notorio del proyecto de López Obrador, muchos políticos previeron la caída del sistema neoliberal y, por consecuencia, la de los partidos dominantes hasta entonces. De este modo, muchos vieron en el proyecto de la 4T la esperanza de un país más justo, más honesto, un cambio profundo de rumbo en México y se unieron a la 4T por convicción.
Pero hubo quienes, ante la inminente debacle del priísmo, la decadencia del panismo y el derrumbe del perredismo, decidieron unirse al Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), para seguir en la actividad política, considerada por esta clase de políticos como espacio de poder, de impunidad, de acumulación de capital y como forma de escalar en las esferas de poder; no cambiaron, no se comprometieron con el cambio.
Estos son los que se unieron a la 4T con su bagaje de impunidad, corrupción, intereses exclusivamente personales o de grupo, algunos para defender poderes regionales dinásticos, otros más para vivir del presupuesto. Se vistieron con “el traje del emperador” y pensaron que nadie se daría cuenta que estaban desnudos.
Hay políticos arribistas, “chapulines” les llaman, que se unieron a MORENA, pero ya tiene tiempo que se ha descubierto su distancia del proyecto de la 4T, que van desnudos. Un ejemplo: la familia Monreal, que construyeron un cacicazgo político en Zacatecas a la sombra del PRI, que luego se pasaron al PRD y hoy militan en MORENA.
Pero en el último año, la desnudez de estos políticos se ha evidenciado. Hay que señalar, sin embargo, que no todas las acusaciones cuentan con evidencias, muchas de ellas provienen de la oposición o son fruto de las redes sociales. Pero hay conductas, declaraciones y evidencias que revelan la desnudez de varios políticos adheridos a la 4T, es decir, en Morena y sus aliados del PT y el PVEM.
Un ex gobernador cuyo secretario de Seguridad era líder de un grupo criminal, otro investigado que intenta regresar al gobierno y tiene que renunciar bajo presión, un senador, también investigado que prefiere renunciar a Morena antes que dejar el cargo que le da fuero legislativo, una gobernadora a quien le cancelan la visa estadounidense y le descubren audios que hablan de presuntas negociaciones con autoridades extranjeras.
A esto se añade otro caso de retiro de visa, la de un aspirante a legislador, amparado por su apellido, que escribe una carta que raya en lo ridículo y lo pinta como un junior aprendiz de político. Puebla no se queda atrás. Mientras la dirigencia de MORENA duerme en sus laureles, alcaldes morenistas o de los aliados de la 4T muestran su desnudez, su carencia de principios, su carencia de compromiso con el proyecto al cual, presuntamente, se adhirieron.
Abundan las acusaciones de ineptitud, malos manejos del presupuesto, corrupción y nepotismo de varios alcaldes de municipios poblanos, algunos de los más importantes de la entidad, tanto en la Sierra Norte como en el centro del estado y en la Mixteca. Aunque no es morenista, sino militante del PT, se ha destacado las últimas semanas el caso de la alcaldesa de Atlixco, cuyo secretario de Seguridad está encarcelado.
Pero los casos más patéticos son los de las dos legisladoras “influencer”, cuyo mérito para militar en Morena fue su popularidad en redes sociales, las cuales mostraron su desnudez ideológica al expresar ofensas contra las personas de la tercera edad, con frases burlonas y despectivas.
Ya están a la puerta las elecciones de 2027, y Morena y sus aliados no pueden continuar abriendo las puertas de la 4T a cualquier político u oportunista, mucho menos designando candidatos sin antes analizar las historias políticas e ideológicas, la honestidad de los aspirantes y la no vinculación con bandas criminales.
Como lo señaló la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a propósito de los casos de Sinaloa, el candidato de la 4T “debe ser gente honesta y que no tenga ningún antecedente de tener algún vínculo con la delincuencia, o de haber cometido un acto de corrupción”.





