**Todos de acuerdo… y eso debería preocuparnos. El día que la oposición y el poder coincidieron**

En la política, hay momentos en los que las cosas se alinean demasiado perfectamente. Cuando eso ocurre, lo mínimo que uno puede hacer —sin pretensiones—, es levantar una ceja.
La reciente visita de “BlackRock” a México no fue un evento cualquiera. Nunca lo es cuando el fondo de inversión más grande del mundo llega a un país necesitado de capital, enfrentando una crisis energética y con una clase política que, extrañamente, parece hablar el mismo idioma, aunque con distintos acentos. Algo ha cambiado, y rápido.
Poco después de esta visita, el gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum comenzó a dar señales de cambios, que meses atrás habrían sido impensables: apertura al “fracking” (fracturación hidráulica), discursos sobre independencia energética con inversión privada y, lo más inquietante, una coincidencia casi perfecta con sectores que antes estaban en franca oposición. Pero desmenucemos esto, porque hay más de una historia ocurriendo al mismo tiempo.
El incómodo “carpetazo”
Mientras los reflectores económicos se centraban en los mercados y en Bitcoin —donde “BlackRock” movió más de 500 millones de dólares en 48 horas—, otra historia era silenciosamente contenida en México: el caso de Naasón Joaquín García y la iglesia “La Luz del Mundo”.
La Fiscalía decidió no ejercer acción penal en una investigación por delincuencia organizada. En otras palabras, lo que las víctimas llaman, sin rodeos, un “carpetazo”. Aquí es donde la historia se vuelve incómoda.
No se trata de un caso menor. Hablamos de un líder religioso condenado en Estados Unidos por abuso sexual infantil, con acusaciones en México que incluyen trata de personas, lavado de dinero y redes de protección política. No es un rumor: es un expediente con nombres, testimonios y cuentas bloqueadas.
Las víctimas expresaron frustración, indignación y cansancio. Pero entonces ocurrió algo curioso: la presión social obligó a “reabrir” el caso. Entre comillas, porque la confianza ya estaba rota. La pregunta es inevitable: ¿por qué cerrarlo en primer lugar? Y más importante aún: ¿por qué intentar cerrarlo justo en un momento de reacomodo económico y político?

“Fracking”: la herejía que se volvió política de Estado
Durante años, el “fracking” fue casi una mala palabra en el discurso de la llamada Cuarta Transformación. Se le consideraba contaminante, neoliberal y contrario al proyecto energético nacional. Hoy no solo se acepta, sino que se promueve.
El giro de Claudia Sheinbaum Pardo es tan marcado, que ha logrado algo que parecía imposible: unir a sus críticos más visibles.
-Xóchitl Gálvez celebra la decisión como “un paso necesario”.
-Ricardo Anaya habla de un “giro de 180 grados”.
-Ricardo Salinas Pliego respalda la medida como “motor de crecimiento”.
Oposición y gobierno, alineados. Eso es significativo. Cuando todos los polos políticos en México coinciden en algo que implica miles de millones de dólares en inversión, se tiene el derecho —y la obligación— de sospechar.

“BlackRock”: el elefante en la sala
Aquí entra el actor que nadie elige, pero que pesa más que muchos gobiernos: “BlackRock”. Su modelo es simple: identificar oportunidades de inversión a gran escala, influir en políticas públicas favorables y asegurar rendimientos.
¿“Fracking en México”?
¿Apertura energética?
¿Acuerdo político transversal?
Suena como el entorno perfecto para el capital institucional. Esto no es una teoría conspirativa barata; es lógica de mercado. México necesita inversión. El capital necesita certeza. Y la certeza, en este caso, parece construirse desde el poder político… en sus tres niveles.
Tres poderes, un mismo discurso:
-El Ejecutivo impulsa.
-El Legislativo respalda.
-El Judicial —o al menos sus decisiones clave— no estorba.
El caso de “La Luz del Mundo” lo ejemplifica con crudeza: una decisión de la Fiscalía intenta cerrar un expediente delicado y luego se corrige bajo presión social. No es prueba definitiva de coordinación, pero sí una señal preocupante.
Cuando los tres poderes parecen alinearse no en función de la justicia, sino de la conveniencia, el problema deja de ser político… y se vuelve estructural.

El costo invisible
El discurso oficial habla de soberanía energética. La oposición habla de modernización. Los empresarios hablan de crecimiento. Pero nadie está hablando —con la misma fuerza— del costo social.
El “fracking” no es neutral. Contamina el agua, altera ecosistemas y afecta comunidades. Incluso quienes lo defienden reconocen su impacto. Mientras tanto, las víctimas de “La Luz del Mundo” siguen pidiendo lo mismo desde hace años: justicia.
No inversión.
No crecimiento.
Solo Justicia.
¿Coincidencia o patrón? Tal vez todo esto sea coincidencia. Tal vez la visita de “BlackRock”, el giro energético, el intento de cerrar un caso incómodo y la repentina armonía política, no estén relacionados. Pero también es posible —y más probable— que estemos viendo cómo se reconfigura el poder en México: menos ideológico, más pragmático… y mucho más cercano a los intereses del capital global.
Sin corbata, pero con memoria
La política mexicana tiene una memoria corta cuando le conviene. Pero la sociedad no debería. Porque hoy el discurso puede hablar de progreso, pero mañana las consecuencias serán reales: en el agua, en el territorio, en las víctimas que siguen esperando justicia.
Y si algo deja claro este momento es que, cuando el dinero entra por la puerta principal, muchas veces la ética sale por la de atrás. Sin corbata, sí. Pero con los ojos bien abiertos.





