– La agencia duplicó sus detenciones diarias mediante operativos discretos impulsados por la Casa Blanca.
José Gallardo / Información Internacional
En un lapso de solo cinco días, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) concretó el arresto de más de 10.000 personas en Estados Unidos. Este incremento sustancial responde a una nueva directriz interna que fijó una meta operativa de 2.000 capturas diarias. A diferencia de las acciones de alta visibilidad anunciadas el año pasado en grandes ciudades, la agencia ha optado ahora por un enfoque sigiloso, interceptando a los individuos en paradas de tráfico, calles y revisiones rutinarias.
El cambio de estrategia ocurre tras el compromiso del secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, de llevar a cabo labores menos mediáticas. Esto busca evitar incidentes como los registrados durante una operación en Minnesota, donde agentes federales abatieron a dos ciudadanos estadounidenses. Sobre la actual directriz, Lauren Bis, vocera del departamento, fue tajante: “Si vienes a nuestro país de forma ilegal, te encontraremos, te detendremos y te deportaremos”.

El acelerado ritmo de aprehensiones subraya la intención del presidente Donald Trump de cumplir su promesa de deportaciones masivas. Este plan cobró nueva fuerza luego de que la Corte Suprema respaldara recientemente la ampliación de los poderes ejecutivos para dictar políticas migratorias.
Para alcanzar las cifras deseadas, los mandos del ICE reasignaron al 80 por ciento de su personal exclusivamente a estas labores, con jornadas de siete días a la semana. Documentos internos muestran que el punto máximo ocurrió el sábado, con 2.400 arrestos. Ante estas cifras, Marcos Charles, jefe de la división de deportaciones, envió un mensaje de felicitación a los agentes, destacando sus “resultados operativos notables”.

A nivel nacional, abogados y defensores reportan un ambiente de temor generalizado debido a que las detenciones alcanzan a perfiles diversos. En Texas, agentes interceptaron el domingo a Letty Ugboaja, una monja y enfermera nigeriana, mientras se dirigía a su iglesia; fue liberada horas después por la presión de líderes locales. En Miami, un padre nicaragüense cuya audiencia en la corte estaba programada para 2027 fue detenido durante una visita de control.
La situación se repite en Utah, donde Arturo, un carpintero mexicano de 48 años, fue arrestado el fin de semana mientras conducía hacia un partido de fútbol. El Departamento de Seguridad Nacional confirmó que permanecerá bajo custodia para ser procesado por reingreso ilegal al país.

El caso de Arturo ilustra la vulnerabilidad que hoy sienten miles de familias. Su esposa, Veronica, explicó que nunca esperaron ser blanco de las autoridades migratorias. “Estábamos preocupados, pero tampoco en extremo. Pensábamos: no tenemos antecedentes penales, pagamos impuestos todos los años”, relató, dejando en evidencia la incertidumbre de una comunidad que ahora teme salir de sus hogares para realizar sus actividades cotidianas.





