Marcha gris en Acatlán

Redacción / Acatlán, Pue.

La marcha de apoyo convocada este domingo en favor de la presidenta municipal, Guadalupe Lucero Bárcenas, dejó una imagen muy distinta a la que seguramente esperaban sus organizadores.

Desde temprana hora comenzaron a llegar autobuses con personas provenientes de distintos puntos. En una transmisión en vivo, algunos de los asistentes señalaron ser originarios del estado de Oaxaca e incluso manifestaron no conocer con claridad el motivo de su presencia en Acatlán, un hecho que rápidamente llamó la atención de la ciudadanía.

También se observó la participación de grupos provenientes de comunidades como Ilamacingo, Garzones, Tetelcingo, El Chaparro y Cuajilote. Sin embargo, para muchos ciudadanos quedó la percepción de que la asistencia de habitantes de la cabecera municipal fue menor a la esperada.

Más allá del número de participantes, la jornada dejó una pregunta que sigue resonando entre la población: ¿qué mensaje envía una movilización que, a juicio de diversos observadores, parece depender en buena medida de personas provenientes de otros lugares? Si además existieron recursos públicos destinados a la logística o al traslado de asistentes, sería importante que las autoridades lo aclararan de manera transparente. La rendición de cuentas es una obligación en cualquier gobierno democrático.

Acatlán atraviesa uno de los momentos políticos más complejos de los últimos años. Las manifestaciones de inconformidad, la creciente polarización y la amplia difusión del conflicto en distintos medios de comunicación han colocado al municipio bajo el escrutinio público.

Gobernar no consiste únicamente en demostrar capacidad de convocatoria. Gobernar significa escuchar a quienes están de acuerdo, pero también —y sobre todo— a quienes expresan su inconformidad. Cuando las diferencias se responden con actos que profundizan la confrontación, el tejido social termina debilitándose.

Las marchas terminan, los discursos concluyen y los contingentes regresan a sus lugares de origen. Lo que permanece es la realidad cotidiana de los acatecos, quienes siguen esperando respuestas a los problemas que dieron origen al descontento social.

Al final, la verdadera fortaleza de un gobierno no se mide por el tamaño de una marcha, sino por la confianza que logra generar entre su propia gente. Y esa confianza no se transporta en autobuses: se construye con resultados, diálogo y transparencia.

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