

El tradicionalismo de la extrema derecha propone el retorno a la cultura decimonónica, que consideraba a la mujer inferior al hombre en autoridad, en derechos civiles, en su desarrollo personal y en su papel en la sociedad. Así lo plantea el movimiento “Tradwife”, impulsado desde Estados Unidos, que determina el papel femenino en tres principios: hogar, maternidad y valores tradicionales.
El “Tradwife” (Esposa tradicional), es impulsado por los sectores conservadores estadounidenses, con base en el concepto de “familia nuclear”: el esposo como cabeza de familia, único proveedor y única autoridad; la esposa cuyo papel principal es la maternidad, el cuidado de los hijos y el cuidado del esposo; y los hijos que deben ser educados con los valores tradicionales.
Esta tendencia a retornar a la marginación de la mujer de la vida profesional, laboral, política y económica, y volver al principio de sumisión al esposo, ha formado parte de las discusiones de la “Cumbre de Liderazgo de Mujeres 2026”, celebrada en San Antonio, Texas, organizada por la institución conservadora “Turning Point” y ha llegado incluso al extremo de proponer la limitación de los derechos electorales de la mujer, a través del llamado “household voting”, el voto por familia.
Según esta iniciativa, el voto no debe ser individual, sino un voto por familia, en donde el elector sea el esposo, después que los miembros de la familia lleguen a un consenso sobre el candidato que deben apoyar. No hay voto para la mujer, no hay voto para los hijos. ¿Dónde quedan la libertad y la democracia?
Además, la propuesta considera como único tipo de familia la “familia nuclear”; pero este no es la única que existe en el mundo, se olvidan de la “familia monoparental”, donde hay únicamente papá o mamá; la “familia extensa” a la que se unen abuelos, nietos y otros parientes; la “familia reconstituida” formada por parejas en segundas nupcias, donde hay hijos, padrastro, madrastra, hijastros, y la “familia homoparental”, formadas por dos hombres o dos mujeres.
Estas propuestas del conservadurismo estadounidense, hoy en el poder, constituyen una iniciativa que busca reducir a la mujer a una empleada doméstica con privilegios para el marido, y borran de la historia las luchas de la mujer por la conquista de sus derechos, negados por siglos de marginación.
Se propone frenar el derecho de la mujer a la superación profesional, a sus derechos laborales, a su dignidad humana y a unos derechos políticos, que han costado vidas de mujeres que nunca se rindieron ante una cultura paternalista.
No hay en esta iniciativa ninguna razón que no sea la de volver atrás, sustentar la vida familiar en principios totalmente superados, encerrar a la mujer en la cocina, cuando se han abierto amplios espacios de desarrollo profesional, empresarial, político e incluso, religioso, imposibles hace dos siglos.
Los ecos en México
Es claro que cualquier ciudadano consciente de la realidad del siglo XXI, considera absurdas las iniciativas presentadas por el conservadurismo estadounidense; sin embargo, el movimiento Tradwife se ha difundido en redes sociales, principalmente TikTok y Youtube, donde se destaca como espacios de la mujer la cocina, la crianza, las labores del hogar como los espacios ideales.
Pero, además, este papel reducido de la mujer ha llegado a la política. La semana pasada descubrimos que en el Partido Acción Nacional (PAN), hay quien propone aplicar el principio del “household voting”, el voto por familia, uno de los aspectos del “Tradwife”.
Ya estamos acostumbrados a que el discurso del PRIAN es el eco del conservadurismo estadounidense y europeo. Si el gobierno de Trump afirma que en México gobierna el narcotráfico, panistas y priístas se llenan la boca con los adjetivos de narcoestado, narcopresidenta, narcopartido.
Si propone combatir el narcotráfico invadiendo el territorio mexicano, los opositores van a Estados Unidos a pedir la invasión armada; si se acusa a funcionarios de gobierno de vínculos con el crimen organizado, levantan la voz reclamando extradición.
Lo mismo sucede con el “household voting”. Hace unos días, Javier Albarrán, un joven panista que forma parte de un movimiento “consertvador” en el Estado de México, apoyó la iniciativa del voto por familia porque, dijo, “todo sería diferente” si hubiera un responsable de emitir el voto pensando en él, en su esposa, en sus hijos. Argumentó que esto contribuiría a que las decisiones se tomen en conjunto, que sean decisiones de toda la familia.
Sin embargo, de entrada, esto atenta contra la libertad de pensamiento y de decisión; cada miembro de la familia es libre de formar su propio criterio y debe ser respetado; el voto es individual no por capricho de los legisladores, sino porque la democracia tiene como punto de partida la libertad de pensamiento. El voto por familia daría a una sola persona el derecho electoral, y negaría los derechos democráticos y la libertad de pensamiento y opinión al resto de la familia.
Ante las reacciones que generó la opinión de Javier Albarrán, la dirigencia del PAN mexiquense se apresuró a deslindarse de su compañero de partido: “Nos deslindamos de cualquier declaración o propuesta que contravenga el respeto a los derechos de las mujeres, y su plena participación en la vida política y social”. No era para menos, las afirmaciones de este panista mostraron el extremo al que la derecha en México puede llegar, en su afán de obedecer al conservadurismo estadounidense.
Pero la de Javier Albarrán no fue la única voz que se escuchó la semana anterior. En el Podcast Leo y Nacho (https://www.youtube.com/@LeoyNachoPodcast), la abogada panista Natalia Torres e Ignacio González Jáuregui, coincidieron en la propuesta de que se excluya del voto a las personas ignorantes, a aquéllas que no sepan de política.
Además, que al acudir a credencializarse en el Instituto Nacional Electoral (INE), se someta al ciudadano a un examen, antes de concederles el derecho al voto. Ambos coinciden en la misma propuesta: excluir a un alto porcentaje de ciudadanos de su derecho a votar, y marginar del ejercicio democrático a las mujeres.
Retazos
Voces panistas han expresado a voz en cuello que vivimos un gobierno corrupto, aliado al crimen organizado, con políticos que deben ser extraditados a los Estados Unidos. Pero sucede que el día jueves 16 de este mes de julio, fue detenido el primer gobernador panista de la historia, el ex mandatario bajacaliforniano Ernesto Ruffo Appel, acusado de “huachicol fiscal”, a través de su empresa “Ingemar”. El combate al crimen organizado sigue dando buenos frutos. Y los dinosaurios de “Somos México”, han salido a exigir que liberen a Ernesto Ruffo. Así de nuevo es este partido.





