

La Confederación Internacional de Mexicanos en el Extranjero (CIME), es una organización clave en el progreso de México y la región de las 3 mixtecas: Puebla, Guerrero y Oaxaca, trabajando para que la migración sea una migración regulada en la voluntad y no en la necesidad.
Nos esforzamos para crear condiciones que permitan a los migrantes regresar a su lugar de origen, a sus pueblos, a sus ranchos y a sus ciudades, y disfrutar como siempre de una vida digna; entre nuestros proyectos se encuentra:
-Hacer conciencia a los trabajadores migratorios en la importancia de participar activamente en la política.
-Crear formaciones políticas y el poder con su comunidad.
-Ser congruente y solidario en la lucha popular.
-Tener acceso de apoyo a los familiares de trabajadores migratorios en Estados Unidos y México.
Crisis del frijol revela el abandono estructural del campo mexicano
Tal es el hecho de que no es de ahora la crisis del campo, los gobiernos anteriores al igual que el gobierno de hoy ha expulsado mano de obra campesina hacia los Estados Unidos, en busca de trabajo para el sustento económico de sus familias.
El abandono histórico del campo y de un sistema económico que deja a campesinos sin poder de negociación. La crisis del frijol en México en este 2026 debe de atenderse como un síntoma de una falla mayor, el país produce alimentos básicos con campesinos empobrecidos, mercados controlados por intermediarios, presupuestos públicos reactivos y una política económica que no ha construido cadenas de valor con propiedad social, los productores venden barato mientras los consumidores pagan hasta 4 veces su precio.
México enfrenta una nueva crisis agrícola que va más haya del precio del frijol, detrás del conflicto entre productores y autoridades, los migrantes que son deportados y que se encuentran con sus terrenos ociosos, se encuentran en un problema estructural: la falta de una política nacional de economía social que permita a campesinos competir en condiciones justas y dejar de depender de intermediarios.
El país sigue produciendo alimentos básicos, con campesinos y migrantes deportados empobrecidos mercados, concentrados en unos presupuestos públicos insuficientes. El problema no se limita a la comercialización del frijol, sino a la inexistencia de cadenas de valor controladas por las propias organizaciones campesinas, ejidos y cooperativas. Actualmente, gran parte de las ganancias quedan en manos de intermediarios que dominan el almacenamiento, financiamiento, y distribución de productos.
La disparidad de precios ejemplifica la problemática: mientras productores reciben entre 8 y 12 pesos por kilogramo de frijol, los consumidores llegan a pagar de 36 a 50 pesos en puntos de venta; para especialistas y productores, esta diferencia demuestra que el mercado agrícola funciona bajo condiciones desiguales, donde el campesino asume riesgos climáticos, y deudas de costos de producción, mientras los intermediarios concentran la capacidad en su negociación. El productor campesino así como los migrantes deportados, que retoman sus parcelas y campos de cultivo, no necesitan limosna, necesitan precios justos, créditos, acopio, bodega, transformación, transporte, mercado y poder colectivo.





